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LOS AHUZOTES

COLEGIO SALESIANO DON BOSCO

LIZANDRO ADALID CALDERÓN GUTIÉRREZ
8B

PROF: RUDY MARTINEZ

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El próximo 27 de octubre, los personajes de los cuentos de camino y de las leyendas nicaragüenses abandonan sus tumbas, salen de los infiernos y establecen un puente entre el inframundo y la esfera de los vivos para disfrutar al ritmo de bandas filarmónicas que tocan todo tipo de son, con el fin de que los espantos muevan el “esqueleto”.
Esa tradición tiene más de 40 años y la capital del folclor se vestirá de gala con la tradicional procesión de los agüizotes, que como siempre es multitudinario gracias a la llegada de visitantes de diferentes departamentos del país,  así como de extranjeros, quienes se suman a la fiesta fantasmagórica e infernal que se realiza como parte de las celebraciones culturales en honor a san Jerónimo, doctor de los pobres, traductor de la 'Biblia' del hebreo al latín y patrono de los masayas.
Según datos históricos, esta tradicional procesión de los agüizotes originalmente llevaba el nombre de “Noche de los espantos” y solo se desarrollaba en el barrio Monimbó. En 1974, Silvio Ortega estudiaba el quinto año para doctorarse en leyes en la Universidad Centroamericana (UCA) y le contó al catedrático Enrique Peña Hernández que sacaban una procesión de noche y que se alumbraban con candiles, porque en esa época no había energía.
Esa procesión está basada en mitos, leyendas, supersticiones y cuentos. Así que decidieron buscarle otro nombre, a los tres días el doctor Peña Hernández otorgó el de agüizotes y se planeó sacarlo de Monimbó, porque era mucha gente la que se disfrazaba, danzaba al ritmo de los músicos populares y por eso se pasó al centro de esa pintoresca ciudad
egún Karla Patricia Ñamendy Mendoza, mayordoma del Gran Torovenado del Pueblo, ese día visita toda la nación, vienen de todos los departamentos y se puede apreciar buses con placas de los distintos puntos del país.  “Las turoperadoras están topadas, vienen bastante turistas, en años anteriores se ha apreciado a turistas que se contagian de los bullangueros de Masaya”, dijo Ñamendy.
Los participantes de esta actividad popular llena de colorido y tradición elaboran sus trajes con tela negra, café o blanca y máscaras hechas por manos artesanales que plasman a personajes de mitos y leyendas: la Chancha bruja, el Padre sin cabeza, la Muerte quirina, la Llorona, la Carreta náhuatl, la Mocuana, la Bruja al volcán, los cadejos y hasta personalidades. Los mitos, leyendas y rituales son reflejos de la ingenuidad de nuestros aborígenes, quienes con la llegada de los españoles fueron adecuando elementos que no son propios de nuestro folclor.
Los artesanos que elaboran máscaras de los distintos personajes de los mitos y leyendas trabajan contra reloj para cumplir con los pedidos de los clientes, quienes la noche del viernes 27 saldrán a espantar por las arterias de la capital y cuna del folclor nicaragüense.
Erick Antonio Mercado, propietario de Creaciones Marlo, afirma que este proyecto de la máscara inició hace 13 años, comenzaron haciendo la prueba con dos máscaras, porque se debía trabajar el papel maché, que es diferente y pasaron a elaborar tres docenas, las que fueron vendidas y allí arrancó el proyecto.
“Acá se trabaja todo el año las máscaras, porque en todo el año se producen máscaras de Macho Ratón, españoles, el Viejo y la Vieja, pero para los agüizotes este año han elaborado 1,300 máscaras”, detalló Mercado.
El entrevistado mencionó que las máscaras más vendidas son las tradicionales: la Chancha bruja, la Mocuana, la Cegua, la Llorona y los duendecitos. No obstante, también se vende una variedad de máscara fuera de contexto, como los payasos y brujas sofisticadas.
Este taller genera 6 fuentes de empleos, 3 componen la materia prima, dos se encargan de pastear y moler el papel y dos se dedican a hacer el diseño.
Este taller está ubicado de la Plaza Pedro Joaquín Chamorro, una cuadra al sur, media cuadra al este, contiguo a la parada de buses Masaya-mercado Oriental, en el barrio indígena de Monimbó.

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